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LA BROMA QUE HAMILTON GASTÓ A "LAS MENINAS"

28 marzo 2010

La broma empezó hace casi 40 años cuando a Wieland Schmied, escritor y crítico austriaco, especialista en la pintura metafísica italiana, se le ocurrió que para festejar los 90 años de vida de Pablo Picasso podría invitar a los jóvenes y no tan jóvenes artistas de todas las tendencias a hacer una obra gráfica para el porfolio In Homage to Picasso (En homenaje a Picasso), que publicaría la editorial alemana Propyläen Verlag. Para cuando remataron la idea habían pasado dos años y Picasso ya había muerto. Al festejo se habían sumado hasta 74 artistas, tan dispares de Andy Warhol a Joan Mirò. Algunos mandaron propuestas inspiradas en la obra misma del gran maestro y otros aprovecharon la ocasión para colar obra sin mención a Picasso.

Richard Hamilton (Londres, 1922) fue de los que se tomaron en serio el homenaje, que ahora vuelve a la vida con la pequeña muestra que ha preparado El Prado, bajo el título Las meninas de Richard Hamilton. La broma se hace infinita al ver cómo El Prado se arrima cada vez más a Picasso. La semana pasada el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, se encontraba con su primer deseo no cumplido en sus años al frente de la pinacoteca, cuando tanto la ministra de Cultura como el patronato del Museo del Reina Sofía le negaban el Guernica para su Salón de Reinos. La mala coincidencia le hizo perderse ayer la presentación en su museo de uno de los artistas contemporáneos más importantes.


En la exposición se muestran tres interpretaciones de la obra maestra, las que corresponden a Goya, Picasso y las del propio Hamilton. Del primero presentan un dibujo y tres pruebas de estado, realizadas entre 1778 y 1779. Del segundo, "un genial esfuerzo de diez minutos", como escribe Manuela Mena, la conservadora jefe del museo. Se refiere a una hoja arrancada de un cuaderno, en la que Picasso dibujó en 1957 con lapicero azul una rápida versión de la obra de Velázquez, en la que ya ha subvertido la verticalidad del original por un planteamiento horizontal.

De Richard Hamilton El Prado ha reunido hasta 12 obras, entre dibujos preliminares y preparatorios, y pruebas de estado de su versión de Las meninas. El inventor del término Pop Art y uno de los padres del movimiento entiende que a sus 88 años ya se le llame "abuelo del Pop Art". El patriarca del arte que mezcla "la reverencia con el cinismo", como él mismo define, guarda todavía memoria de su primer encuentro con aquella imagen. "Nunca había contemplado un cuadro igual y no lo he vuelto a ver. Fue una gran experiencia de la que no he podido desprenderme", reconoce Hamilton que cada vez que lo contempla vuelve a experimentar una y otra vez aquella sensación.

"Destacar algo del cuadro es como querer hacerlo con un plato de El Bulli"
El artista británico decidió cumplir con la invitación a homenajear al maestro con un "entretenimiento" y un poco de "diversión", metamorfoseando a todos los personajes de Velázquez "en una agrupación de los muchos estilos de Picasso, en las invenciones de su larga vida". Así aparecen personajes del cubismo analítico, del expresionismo de las máscaras africanas, la época rosa, etc. "Las figuras de la más importante pintura del mundo se podían reemplazar por las meninas de Picasso", dice Richard Hamilton, quien reconoce su tributo a James Joyce, al encajar un trío de homenajes en el mismo paquete. "Su capacidad de parafrasear con total libertad estilística estuvo muy presente en mi pensamiento mientras trabajé en el pastiche de "Las meninas", explica el autor.
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Origen: Público

GOYA Y EL GUERNICA, SUPERESTRELLAS DEL "RENOVADO" REINA SOFIA

27 mayo 2009

El Reina Sofía ya está listo para plena entrada en el siglo XXI. Un millar de obras sustentan microrrelatos a través de los cuales se da cuenta del arte contemporáneo de la historia de la modernidad artística hasta las manifestaciones más recientes. La fotografía y el cine arman el discurso de cada uno de esos momentos históricos y, por fin, se puede contemplar a Goya como inspirador del arte contemporáneo . Pero la gran sorpresa de la colección atañe a la joya del museo: el Guernica. El mural de Picasso se puede contemplar con más intensidad que nunca: ya no hay barreras que rompan su perspectiva (las alarmas son ahora sonoras) y una nueva iluminación enfocada hacia la bóveda multiplica visualmente la amplitud espacial.

En las salas que rodean al Guernica, se recontruye el ambiente de lo que fue el Pabellón de la República en la Exposición Universal de París en 1937. Las salas, al igual que ocurrió con el Pabellón, del que se expone una maqueta, muestran obras de Joan Miró, Alexander Calder, Josep Lluís Sert y Josep Renau. El Guernica es la culminación y bandera de toda la lucha intelectual contra el fascismo.

En lugar de centrar la colección en un paseo por los grandes movimientos o las genialidades individuales, la colección opta por una contextualización de los distintos momentos artísticos en la historia y cultura material de los siglos XX y XXI.
(Origen "El País")
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PALACIOS Y TABERNAS QUE RECORRIERON LOS ARTISTAS

22 marzo 2009


Más de treinta artistas, desde Monet a Picasso, desde Renoir a Bonnard o de Van Gogh a Chagall, escogieron las tierras de la Provenza y gran parte de la región de la Costa Azul para transformar su luz y sus paisajes en un compendio de óleos, collages y esculturas que representan acaso la fase más creativa y feliz de sus vidas.

De ese territorio privilegiado ha sido bien consciente el Ministerio de Cultura francés, la Maison de France y el mismo departamento de los Alpes-Maritimes, que desde hace un par de años ofrece un cuidado itinerario, un tour des peintres o ruta de los pintores, que permite, en apenas una semana, conocer los lugares donde los mayores representantes del impresionismo francés, y no francés, pintaron, amaron, comieron y eligieron para morir.

La estancia de Picasso en el castillo de Antibes, edificado como un farallón ante el Mediterráneo, brinda la excepcional oportunidad de entender aquel denso ciclo pictórico como una circunferencia de amor. Allí celebró sus primeros años de convivencia con la pintora François Gilot (de 21 años), que duraría casi un decenio (entre sus 65 y 75 años) y con la que además tendría dos hijos.

Este viaje, adensado en el castillo de Antibes, permite olfatear no sólo el rastro locoide y carnal picassiano sino más tarde la estancia enfermiza de Van Gogh en el monasterio de Saint Paul en Saint-Rémy, donde el pintor consumió sus últimas semanas.

Finalmente, en el caso de Renoir, tercera experiencia capital del viaje, la emoción se recibe en el centro de su escenario doméstico, no romántico ni clínico, sino plácido, acomodado y burgués. Según las sensibilidades puede preferirse una sede mítica u otra, pero el efecto de intimidad mayor se cumple precisamente en el recorrido por las estancias donde residió Renoir durante años, en su hermosa granja de Colletes, sembrada de árboles, flores y yerbas aromáticas,desde donde se dibuja el cabo de Antibes.[Leer más]