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LA IDEOLOGÍA DE LA MEDIOCRIDAD

27 diciembre 2010

por Avelina Lésper
Antoine Watteau se formó como artista en un taller de grabado que realizaba copias en gran volumen de pinturas religiosas, retratos del rey, etc. Estos talleres hicieron que el grabado adquiriera una calidad altísima, así depuraron técnicas y medios. Más tarde, Watteau conoció las pinturas de gran formato que Rubens realizó para María de Medici y se concentró en su estilo, en esa voluptuosidad orgiástica de sus composiciones, y las trabajó dentro de sus temas. La obra de Bacon está basada en la composición de Velázquez y una de sus obras memorables es el retrato del Papa Inocencio X que realizó en diferentes versiones. La creación necesita de maestros, es una regla de los grandes pintores que su aprendizaje técnico y su búsqueda de un estilo personal incluya ver y copiar a los clásicos para entender sus virtudes y hallazgos. Este aprendizaje se traduce en un homenaje que obliga al arte a evolucionar. La circunstancia de Bacon no es la misma que la de Velázquez, su mirada, su talento, su condición personal es totalmente distinta, y la obra se transforma y con esto el arte avanza y nuestra visión y memoria de imágenes se alimenta.

Esto puede suceder si la creación existe, es decir si el artista hace su obra, dibuja, pinta, esculpe, porque al final el talento crea una originalidad que prevalece por encima de la influencia.

En el arte contemporáneo, donde la maestría es directamente proporcional a la falta de creación, se rechaza a la autoría original y los artistas plagian obras con los eufemismos de la apropiación, la intervención o las mandan hacer. Esto hace una abismal diferencia con los ejemplos antes citados, porque partir de una obra para revolucionarla abre posibilidades al arte, repetir o robar obras lo estanca, lo depreda y lo convierte en la representación del nulo esfuerzo intelectual.
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Origen: Blog Avelina Lésper

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