
por Elena Vozmediano
El IVA, en el ámbito cultural, ofrece todo un catálogo de agravios comparativos. Para empezar, entre los diferentes productos culturales: mientras el libro goza de un super reducido 4 por ciento, las artes plásticas padecen un 18 por ciento. También entre las diferentes vías de difusión de esos productos: la asistencia a espectáculos o exposiciones está gravada con un 8% mientras que a la venta de discos se aplica el 18%. Hay diferencias en los tipos aplicables al papel y a la venta online, y se grava de manera diferente la venta del mismo bien según quién lo ofrezca.
En el mercado del arte, si son los propios artistas quienes venden a un coleccionista o a un museo, se aplica el 8 por ciento pero si vende una galería de arte el tipo será el 18 por ciento. Bastante mal está el mercado como para soportar ese sobrepeso. Y no se crea que sólo los coleccionistas adinerados cumplen con esa obligación impositiva: ha de tenerse en cuenta que una parte considerable del mercado se sustenta sobre las adquisiciones que realizan colecciones públicas (museos y administraciones) o fundaciones que, en estos tiempos de terribles recortes en las instituciones culturales, ven recortada aún más su capacidad de compra gracias al IVA. Y eso afecta no sólo a los artistas sino también a todos los ciudadanos que confiamos en encontrar en esas colecciones una riqueza patrimonial futura.
[Leer +]
-Origen:elcultural.es
0 comentarios:
Publicar un comentario